martes, 13 de noviembre de 2012








DEFELEXIONES MINIMAS SIN CALCULO DE FLECHAS







INTRODUCCIÓN

Para la mente humana, todo aquello que existe posee una estructura; para los sentidos, todo lo perceptible tiene forma. Estructura y forma son productos de la constante comunicación entre el ser y el universo; son conocimiento e información particulares de los componentes, relaciones, contornos, masa, proporción y cualidades de los cuerpos existentes; son el ordenamiento mental y material de elementos significativos dentro de la experiencia humana.
Aquello que carece de estructura definida es un fenómeno perceptual o imaginario que sólo posee forma tangible o posible. Aquello que carece de forma, no existe para el ser humano; puede estar dentro de lo desconocido, lo imperceptible; la nada. No está ni dentro de lo habitual ni dentro de lo posible. Es la anti-forma.
La forma es el límite espacio-temporal de cuerpos y conceptos. Desde el mínimo elemento o partícula hasta el máximo universo, la forma define límites y establece contornos; otorga identidad y comunicabilidad a cuerpos y conceptos. La forma es producto de la capacidad para aprehender perceptualmente el universo y elaborar imágenes significativas y es el resultado de las necesidades de rehacer el universo mediante transformaciones que generan nuevos cuerpos y conceptos, con un desempeño asignado del propósito o la finalidad, con un significado particular y una apariencia definida.
El arquitecto muchas veces se dirige hacia la estructura a través de la forma; pero el arquitecto creativo se dirige hacia la forma a través de la estructura, no con carácter exclusivo sino como un alternar de estados de relación. El ser científico-creativo es aquel ideal que antaño representaron Leonardo y Miguel Angel. El ser comprometido necesita conocer la estructura y transformar la forma de su universo. La especialización ha llevado a disociar en nosotros el interés científico y el afán creativo. En el futuro se deben integrar en el balance de la actitud objetiva y distante del científico y la actitud compasiva y expresiva del creador, en todos los aspectos de la existencia humana. 
Antiguamente, se construía con mampostería y madera con métodos artesanales, que tenían una tradición secular. Las posibilidades contenidas eran limitadas y los sistemas de ejecución fueron posteriormente los mismos durante largo tiempo. Todo esto debe estar relacionado con el hecho de que salieran a la luz, pocos, pero muy definidos y característicos, estilos arquitectónicos. Dentro de este marco técnicamente limitado, el diseñador exterior, generalmente muy despierto y estrechamente ligado al arte de la profesión, hacía posible una variedad asombrosa.
Con base en la ilustración nacida en Francia y como efecto de la Revolución Industrial, se introdujeron en la construcción los conocimiento de las ciencias naturales y nuevos materiales, abriendo nuevas posibilidades técnicas y estructurales. El ámbito y diferenciación de los conocimientos necesarios se incrementaron de modo que tuvo que llegarse de esta tarea a la formación de especialidades, la propia del arquitecto, predominante  diseñador, y la propia del ingeniero, responsable de la estabilidad y parte estructural.
Esta “especialización”, sin embargo, corresponde más a las diferentes aptitudes de las personas que a una repartición lógica para solucionar las complejas tareas en el campo de la construcción. Entre otras, esta solución tiene el peligro de que los conocimientos propios de los ingenieros y de los arquitectos estén tan poco relacionados que no puedan alcanzarse resultados óptimos en la ejecución y diseño de los diferentes tipos de construcciones.